Mundo, 30 sep — Durante años, África fue vista sobre todo como una escala en una de las grandes rutas mundiales de la cocaína: cargamentos procedentes de América Latina cruzaban el Atlántico y seguían camino hacia Europa. Esa ruta sigue activa. Pero se está consolidando otra dinámica: redes criminales mexicanas están llevando a África conocimientos, operadores y, en algunos casos, la producción de drogas sintéticas.
La Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) constata una rápida expansión del tráfico de metanfetamina en África. Los datos de este organismo apuntan que, entre 2021 y 2024, Nigeria y Sudáfrica destacaron como los principales puntos de salida africanos de cargamentos de esta droga detectados.
Lucía Bird, directora del Observatorio de Economías Ilícitas de África Occidental de la Global Initiative Against Transnational Organized Crime (GI-TOC), advierte de que el creciente papel de operadores mexicanos no es el único factor detrás de la evolución de los mercados de drogas en África. «Las redes mexicanas son uno de varios actores criminales extranjeros que operan actualmente en los mercados de drogas de África occidental. Las redes brasileñas y colombianas también son actores clave en el suministro de cocaína», explica a DW.
De país de tránsito a lugar de producción
El cambio resulta especialmente visible en el mercado de la metanfetamina. Según Bird, Nigeria es un centro de fabricación desde comienzos de la década de 2010 y ciudadanos mexicanos llevan años participando en la transferencia de técnicas de producción.
La metanfetamina ya se venía fabricando en África desde los años 90, pero los primeros laboratorios clandestinos eran pequeños y atendían principalmente la demanda local. «En los últimos diez años, la síntesis de metanfetamina en África se ha vuelto más industrializada y eficiente, con mayores volúmenes de producción y una calidad mucho más alta», señala Bird. Actualmente se detecta producción en diferentes partes del África subsahariana, destinada tanto a mercados africanos como a Asia meridional, Australia y Nueva Zelanda.
Pero la aparición de mexicanos en un laboratorio africano no significa necesariamente que el Cártel de Sinaloa o el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) se hayan instalado allí.
«Cocineros» que exportan conocimientos
Victoria Dittmar, investigadora de InSight Crime radicada en México, distingue en entrevista con DW dos modelos. En uno, especialistas independientes, conocidos como «cocineros», venden sus conocimientos para fabricar metanfetamina u otras drogas. Pueden trabajar para distintas organizaciones, incluso rivales: «Funciona mucho bajo la lógica de quién paga mejor. Quien ofrezca las mejores condiciones es para quien van a trabajar».
Por eso Dittmar recomienda cautela ante algunas atribuciones oficiales. «Si solo es una persona que proviene de Sinaloa, no necesariamente es parte del Cártel de Sinaloa. Puede ser alguien independiente». Las autoridades, afirma, ofrecen a veces poca información pública sobre cómo establecen esa vinculación.
Sin embargo, investigaciones recientes de InSight Crime apuntan también a personas más cercanas a organizaciones mexicanas, especialmente a la facción de los Mayos del Cártel de Sinaloa, que estarían estableciendo directamente operaciones de producción en Europa y África mediante alianzas con grupos locales. «No pueden llegar solos y simplemente establecerse», subraya Dittmar.
Además de Sudáfrica, Nigeria, Kenia y Mozambique, Dittmar menciona información recogida por InSight Crime sobre Guinea Ecuatorial. Los países africanos pueden servir para producir para el mercado local, pero también como «trampolín hacia el mercado europeo y hacia el mercado de Oceanía».
Alianzas en lugar de sucursales
Esta estructura difiere de la imagen de un cártel que desembarca en otro país y establece allí una filial. Frédéric Massé, codirector de la Red de Monitoreo y Análisis del Crimen Organizado en América Latina (CORAL), considera que «el modelo dominante no es tanto la implantación de estructuras propias, sino la alianza y la subcontratación». Fuera de América, los grupos mexicanos recurren principalmente a intermediarios, facilitadores logísticos y organizaciones locales, comenta Massé a DW.
Por eso, hablar de «expansión» requiere matices. «La presencia confirmada suele limitarse a operadores aislados, ciudadanos mexicanos que hacen escala en países africanos y grupos locales ‘franquiciados’; no se trata de cárteles que operen como organizaciones corporativas con control territorial en el extranjero», señala Massé.
Dittmar coincide en la importancia de los socios locales. Los contactos pueden establecerlos emisarios enviados por organizaciones mexicanas o intermediarios independientes. Todavía existen pocos procesos judiciales que permitan reconstruir detalladamente cómo funcionan estas relaciones.
¿Por qué producir en África?
La expansión tiene también una lógica económica. Según Dittmar, el mercado estadounidense de metanfetamina lleva años saturado y los precios han caído. Al mismo tiempo, la presión sobre la producción en México y sobre las cadenas de precursores químicos procedentes de Asia aumenta los incentivos para buscar otros lugares. «El flujo hacia, por ejemplo, África no tiene tanto escrutinio como las cadenas de suministro de China a México», explica.
Esto no significa que la tradicional ruta de la cocaína haya sido sustituida. Dittmar considera que son dos negocios distintos. La experta explica que las redes de cocaína entre América Latina, África y Europa están dominadas principalmente por actores sudamericanos, entre ellos colombianos y brasileños, mientras que el papel mexicano es más limitado. La expansión de las drogas sintéticas responde a otra cadena de suministro y a otros operadores.
Una expansión todavía en marcha
Lo que aún no está claro es hasta dónde llegará el fenómeno. Dittmar señala que estas conexiones existen desde hace aproximadamente una década, pero observa una evolución desde intercambios puntuales de conocimientos hacia intentos de establecer operaciones más estables. «Parece que va en una tendencia más estable. Pero todavía es muy temprano para poder decirlo con certeza».
El desafío para las autoridades es seguir redes capaces de mover dinero, precursores y drogas entre países con capacidades muy diferentes. Para Massé, «el negocio avanza más rápido que la cooperación formal»: mientras los mecanismos estatales dependen de acuerdos y procedimientos entre países, las organizaciones criminales «se reorganizan con fluidez y sin fronteras».
Deutsche Welle – DW
