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Feria de Todos Santos se instala en Villa Dolores

 

El Alto, 28 oct — Los dulces de colores, las tantawawas, las frutas y las flores comienzan a llenar de vida los puestos de venta de Villa Dolores. En inmediaciones de la plaza Juana Azurduy, las comerciantes se alistan para recibir a las familias alteñas y paceñas que buscan los productos para armar la mesa de Todos Santos, una tradición que guarda recuerdos, cariño y la esperanza de volver a recibir simbólicamente a quienes partieron.

Cada producto tiene su lugar y su significado. Las tantawawas, junto a los caballitos, las escaleras y otras figuras tradicionales, forman parte de los elementos que las familias eligen para preparar la mesa. Detrás de los puestos hay manos trabajadoras que, en esta temporada, encuentran una oportunidad para ofrecer sus productos y mantener viva una costumbre que pasa de generación en generación.

Los dulces artesanales también llaman la atención por sus formas y colores. Cruces elaboradas con dulces, canastitas, floreros y los tradicionales suspiros forman parte de la variedad que se ofrece a quienes recorren la feria. Su preparación requiere tiempo y dedicación, pues los artesanos comienzan a trabajar desde julio para abastecer la demanda de esta temporada. “Ha subido un poco el precio del azúcar, pero estamos dando yapita”, cuenta una de las vendedoras, que busca mantener sus productos al alcance de las familias.

La mesa se completa con frutas, flores, velas y otros elementos que cada familia acomoda a su manera. Las cañas, que según la tradición sirven como bastones para las almas y para calmar su sed, también están presentes, al igual que las coronitas de nylon que dan la bienvenida a quienes llegan. Después del despacho, estas coronitas pueden llevarse al cementerio. “No hay que perder las costumbres y tradiciones”, dice una comerciante, resaltando la importancia de conservar estas prácticas.

Entre los puestos también se encuentran pasankallas y rosquitas de colores, pequeños detalles que aportan alegría a la mesa. Las vendedoras invitan a la población a acercarse, conocer la variedad y encontrar lo necesario para esta fecha. “Quiero que vengan a comprar, está barato; les vamos a yapar. Hay de todo para recibir la fiesta de Todos Santos”, anima una de ellas.

Detrás de cada puesto también hay esfuerzo por mantener los precios y ofrecer productos para distintos presupuestos. “El alteño es luchador y emprendedor”, destaca una vendedora, reflejando el empeño de quienes encuentran en esta temporada una oportunidad para trabajar y compartir las costumbres que forman parte de la identidad alteña.

Así, Villa Dolores va tomando el color y el movimiento propios de Todos Santos. Entre dulces, flores y conversaciones, la feria ofrece mucho más que productos: reúne el trabajo de los artesanos y el cariño de las familias que preparan la mesa para recordar a sus seres queridos y hacerles un espacio, una vez más, en sus hogares.

GAMEA