La Paz, 20 ago — Las papas que durante generaciones sobrevivieron a las heladas y sequías del altiplano podrían guardar una respuesta frente a los efectos del cambio climático. Investigadores de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), con sede en la ciudad de La Paz, estudian variedades nativas para identificar los genes asociados a esa capacidad de adaptación y evaluar si pueden transmitirse a otras papas mediante cruces tradicionales.
Ese es el objetivo de Papas Resilientes, un proyecto del Instituto de Ecología de la UMSA que trabaja inicialmente con cerca de 60 variedades. El equipo identifica, junto con productores de comunidades del altiplano, aquellas papas que han demostrado mayor resistencia a condiciones ambientales extremas a partir de años de experiencia en su cultivo.
“El objetivo principal es rescatar los conocimientos ancestrales de las comunidades, revalorizar las especies nativas que tienen y ver cuáles llegan a tener adaptabilidad a condiciones ambientales extremas, entre ellas las heladas y las sequías”, explicó el coordinador del proyecto, Carlos Molina.
La investigación busca después identificar los genes relacionados con esas características para estudiar si pueden transmitirse a otras variedades nativas a través de cruces tradicionales. Entre las papas reconocidas por su capacidad de resistencia están la luq’i, sisu, phiñu e imilla negra. El trabajo reúne especialistas en producción, suelos, riego y otras áreas.
El proyecto se desarrolla en la comunidad de Marka Corpa, en el municipio paceño de Jesús de Machaca. Allí, los productores conservan numerosas variedades de papa nativa y aportan un conocimiento construido a lo largo de generaciones.
“Llevamos años en esto y sabemos cuáles pueden resistir la sequía y las heladas, pero también sabemos que necesitamos a los especialistas de la universidad para avanzar y mejorar nuestros cultivos”, señaló Julián Condori, comunario y productor del tubérculo.
Para los investigadores, ese conocimiento constituye un punto de partida para estudiar una diversidad que podría tener un valor estratégico frente a un clima cada vez más extremo.
Máximo Liberman, director del Instituto de Ecología, recordó que la papa se originó y domesticó en la región andina de lo que actualmente son Bolivia y Perú, desde donde posteriormente llegó al resto del mundo.
Esa diversidad se expresa en papas de distintos tamaños, colores, texturas, sabores y características de adaptación, un patrimonio que hoy también puede aportar respuestas frente a un clima cambiante.
La meta ideal, explica Molina, es que los genes de resistencia identificados puedan incorporarse mediante cruces tradicionales a variedades con buenas características productivas y obtener, en las siguientes generaciones, papas que combinen mayor producción y capacidad de adaptación a efectos del cambio climático.
ABI
