La Paz, 14 mayo — El jueves estallaron enfrentamientos en la capital de Bolivia cuando la policía utilizó gases lacrimógenos para dispersar a una multitud de mineros que intentaban irrumpir en el palacio de gobierno y detonar pequeñas cargas de dinamita, una táctica que se ha vuelto cada vez más común durante esta segunda semana de disturbios en todo el país.
Este fue el incidente más reciente en la creciente agitación social que desafía la administración del presidente Rodrigo Paz , quien juró el cargo a finales del año pasado, inaugurando una nueva era para la nación andina después de casi 20 años de gobierno de partido único.
Miles de mineros se congregaron en el centro de La Paz para exigir reformas laborales y combustible, entre otras cosas, pero a medida que pasaban las horas, comenzaron a corear consignas pidiendo la renuncia del presidente.
En los últimos días, la capital boliviana ha estado paralizada por bloqueos y manifestaciones. Horas antes, maestros rurales marcharon por el centro de la ciudad para exigir mejores salarios, intensificando aún más el control sobre la capital.
La última ola de protestas se desencadenó inicialmente por agricultores que exigían la derogación de una ley que permitía hipotecar tierras. Si bien el presidente firmó un decreto que anulaba la ley el miércoles por la noche y pidió el cese de los disturbios, las manifestaciones han continuado extendiéndose.
AP
